lunes, junio 04, 2007

Infinita calma. Adolfo Morales.


Casi siempre, las cosas importantes me suceden en primavera, pero suele ser durante la estación más estival cuando acontecen los hechos más significativos.
Y allí estaba ella, desnuda, arrellanada entre las sabanas, abrazada a la almohada, serena, bellísima, casi perfecta.
Su piel hidratada y morena, espolvoreaba la cama y sus cabellos castaños se abandonaban en la calma del descanso. Una belleza en perfecto equilibrio, dulce, cercana , sublime y vulnerable.
A ratos, abría sus limpios ojos almendrados y percibía el horizonte, -donde estaba yo-, para acomodarse, volverlos a cerrar y perderse en el sosiego de sentirse segura y amada.
Podría pasarme horas observándola, no me cansaría.
La vida tanto te da como te quita. Esta ocasión fue uno de esos regalos con los que casi no cuentas, y allí estaba yo, absorto, perdido y encontrado, y allí ella entregada, radiante, perdida y encontrada.
Esta vez, la almohada jugó el papel de ser depositaria, cómplice de miradas, silencios y secretos inconfesables.
Esta vez no enjugó lagrimas de desesperación. Esta vez quiso estar a la altura de las circunstancias y se mantuvo al margen, cumplió su papel con rigor, y dejó que aquellos enamorados fueran los únicos protagonistas.

Ensueño. Benita Paredes.


Si, reconozco que hay noches en que me aferro a la almohada como naufrago a su tabla, y noches en que derramo lagrimas de inocencia por tu ausencia.
En las estelas de sueño te veo lejano y compasivo, saludando a lo lejos sonriendo desde la abismal distancia. Ensueño fue la ilusión de sentirte entre mis brazos, adios espejismo de mi en mi otro yo.


Dos Almohadas. Julia Isasi Martínez.


De mil sueños fabricadas
con anclajes de cristal,
dos al mohadas...estiradas en mi cama,
esperándome, escuchándome.
El caballito blanco,
la muñeca rubia...,la bicicleta nueva y el plumier,
escuchándome.
Sombras que se transforman, en la pared,
mano fría por debajo, asustándome,
serpiente merodeando, entre mis pies,
al salto, que no me coges, a la altura de
mi torre , ya no me ves...,
escuchándome.
Boca surtiendo saliva
sobre algodón encendido,
que es mi cuerpo estremecido,
sexo, vivo...¡yo qué sé!
escuchándome.
Tus ojos en mi mirada de bailarín...
haciendo el pino sonríes, sólo por mí,
eres Angel me seduces
escuchándome.
EL agua de la tristeza
ya no danza para mí,
no aprendí a contar sus pasos,
y... se fue.
Esperádome, esperándome,
esperándome...

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CAMINO PARALELO - VICENTE HUIDOBRO

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