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lunes, enero 21, 2008

NARRATIVA - LA FUGA

Junto al diablo. En la cosecha del fuego. El ángel sin respirar, truena. Un suspiro se pierde a lo lejos y creemos definir al mundo. Pesados cuernos cuelgan de sus alas. Marchitas, vencidas y arrugadas. Viento precoz, lágrima en voz. La mirada cruzada, pares de garras. Y el sonido escucha.

El abatimiento de los pozos sin alma. Triunfo político para partidos sin nacimiento. La ideología malsana de los que no supieron esperar. Emerger entre las raíces para no volver jamás. Soledad en grises, luz bicolor. Mientras los fantasmas marchan, se descolora una flor.

Abajo los murmullos callan. Desgarrar con músculos al mismo sol. Atar las maletas en la espalda.

El ángel se fugo.

©

oooOooo

Desde Buenos Aires, Gabriel Brajterman.

viernes, noviembre 30, 2007

NARRATIVA - DESVARIOS 2

La orilla y su frontera.

Marea alta, marea baja, atracción y repulsión.
Un paso hacia adelante, unos cuantos hacia atrás, no existen las retribuciones equitativas..

Las olas dibujan fronteras ondulantes, caminar en la estela de la espuma, con los brazos abiertos, equilibristas en el filo de la vida, el sol del atardecer ciega la vista y lo pinta todo color deslumbrante... ceguez premeditada.

En la soledad del silencio, una gaviota grazna, sigue buscando las limosnas disfrazadas de migas de pan, vuela ciega y tranquila sobre los límites, ha caído en la trampa de ser domesticada o quizás ya no busca justificaciones para su vuelo.

La orilla y su frontera, las retribuciones equitativas no existen.

Marea alta, marea baja.

by la vecina de la puerta de al lado

miércoles, noviembre 28, 2007

NARRATIVA - DESVARIOS

La gaviota, las migajas de pan, la domesticación, el crear lazos.
Me recuerda historias de amistades, de amantes: dos que se miran a lo lejos, dos que se invitan, dos relacionándose.

Un graznido, el vuelo, el cielo infinito y en la tierra un punto pequeño que ya no tiene manos, ni ojos, menos alma.
Me recuerda historias finalizadas, de amistades, de amantes: desolación primera, resignación siguiente, libertad con algún eslabón de cadenas después.

No se debe de tirar migajas de pan ni cortar vuelos. Las aves no están hechas para ser domesticadas.


by la vecina de la puerta de al lado

miércoles, noviembre 21, 2007

NARRATIVA - H2O

El exquisito estilo de youtoo una vez más nos deleita.

H2O

camina por el agua y tropieza en un charco de arena, la llanura infinita encadena piedras y en el pecho, tatuados duros garabatos, los ojos abiertos al asombro, llueve...

y nosotros, ahogados de cansancio...

llega el día al corazón, como un niño extraviado, que nunca tuvo casa ...


de repente (que no pronto), se pierde en el trayecto,


sigue a la lluvia por las hojas desprendidas...


ensimismado con el viento que las levanta...y pasan veintiocho siglos y diez cometas y cuando consigue llegar,

ya la luna se acomoda

y viene la noche, abriéndose camino, desembarcan sus estrellas,

nada las sostiene (¡qué dulce decir!)

y planetas

y rocas silenciosas.... llueve a lo largo de todo el camino... descienden las corrientes, que chocan con el día,

que llega al corazón,

como un niño extraviado...

miércoles, noviembre 07, 2007

NARRATIVA - OLOR DE LOS LIBROS

Olor de los libros
( Yvette Schryer )

Blanca me enseñó a oler los libros.

Aún hoy, a distancia de tantos años, me parece verla olfatear los volúmenes que ponía en el cajón para despacharlos por barco. Al acercarlos a la nariz, su rostro asumía una expresión de ternura, de tristeza, o de enojo...En ese caso, lo descartaba diciendo: No, éste no lo llevo.

Blanca vive en Valencia desde hace muchos años.


El único recuerdo olfativo que yo conservaba entonces era el de los libros del colegio, no tanto por el olor a goma o a tinta de sus páginas, sino por el de la tela de hule con que mi madre los forraba . Era un hule delgado de color negro y aunque en las primeras semanas de clase esa emanación se imponía sobre todas las otras, pronto se iba perdiendo por los contactos con otras cercanías, hasta que ese aroma a cosa nueva, se extinguía.
Cuando ayudé a Blanca a seleccionar los libros que llevaría consigo a Europa, me dijo que cada libro le recordaba por su olor la época en que lo había leído, la persona que se lo había regalado o las noches de lectura o de estudio que impregnaron las páginas con un tufillo a café.

Blanca me dejó en custodia algunos libros. Le prometí conservarlos y que si extrañaba a alguno, se lo enviaría por correo.

Nunca los reclamó y aún están en un rincón de mi biblioteca. De allí viene un olorcito que no pocas veces me obliga a acercarme y tomar uno al azar.


El libro con olor a jazmines, revela que el origen de su fragancia es el amor.

La fecha de la dedicatoria es anterior al nacimiento de mi amiga,las pocas palabras escritas en tinta roja, estaban dedicadas a una mujer llamada Lisette y las firmaba Omar. El libro era”Las flores del mal” de Baudelaire.

“A ti que has sabido compartir conmigo la magia del pecado”-’ escribía.

El libro aprisionaba un jazmín entre sus páginas y si bien no podía relatarme la historia de ese amor pecaminoso, abrió una puerta a mi fantasía.


El olor a chocolate provenía de un volumen que al hojearlo iba dejando caer granitos de azúcar, miguitas y trocitos que podían ser de nuez . Sus páginas se veían manoseadas y amarillentas. Era el libro de cocina de Doña Petrona, regalo obligado para toda joven argentina casadera, hace más de cincuenta años. Las recetas de Doña Petrona recuerdan un mundo que ya no existe, una época en la que no importaba estar seis horas en la cocina vigilando un dulce, o en la que el miedo al colesterol no existía.


Del Demián de Herman Hesse se desprendía un fuerte aroma a tabaco. Un papel entre sus páginas revelaba que había pertenecido al abuelo de Blanca, pero ¡quien sabe! A lo mejor se había impregnado de ese olor por el contacto con el “ Sherlok Holmes” que tenía a su lado. ¿Sería posible que el olor surgiera de la eterna pipa del famoso detective...?


Entonces comencé a preguntarme si la sensación olorosa la aporta sólo el lector o pueda provenir del contenido del texto.

Si así fuera, sería interesante saber a qué olerían La Divina Comedia, Los Tres Mosqueteros, La Biblia o El Principito.


oooOooo

Acerca de Ivette: Argentina, reside actualmente en Israel, en donde se desempeña como directora de un taller de escritura creativa, moderadora del sitio loscuentos.com

Gracias Yvette por esta bella colaboración.

lunes, noviembre 05, 2007

LA MANO DE LA DIOSA, Juan Antonio Pizarro


"La mano de la diosa"
de Juan Antonio Pizarro Martín
Portada de Luis Tobalina
Publicada por Ediciones Atlantis

http://www.edicionesatlantis.com/novedades.php

La novela se presentará el próximo martes día 6 de noviembre a las 8 de la tarde en el CC Isabel de Farnesio, en Aranjuez.

Sinopsis de la obra:

Juan T. Volta, escritor de relativo éxito, está secretamente instalado en Aranjuez donde trabaja en su última novela. Su rutinaria vida se ve rota por la aparición de un e-mail firmado por “Sereira”.Sereira resulta ser Eugène, una joven atractiva e inquieta que le dice a Juan que “tiene la marca”, y a la que Juan cree tan sólo porque ella luce un buen cuerpo y parece interesada en él.Sus actividades les llevaran como un torbellino a meterse de lleno en una historia de puertas estelares, extrañas apariciones e intereses en que Juan aprenderá a ver las cosas de otro modo, mucho menos cínico, y donde todo se resolverá al final en una fuente de Aranjuez, en la mano de la Diosa.

El autor, Juan Antonio Pizarro Martín.


Nacido en Madrid pero residente en Aranjuez desde siempre, disfruto de esta población privilegiada por sus jardines y sus sotos, como lo hará cualquiera que se acerque por aquí; y no puedo evitar hacerlo notar en mis escritos.

No hay mucho más de notable para el público en mi biografía, salvo que interese saber que nací en el 59 del siglo pasado, bajo el signo de Sagitario.

Y que la novela se la dedico a mis padres y también a Maite y Magda, por haber sido tan pacientes conmigo.

Igualmente he de agradecer el poema prólogo a Marcela Vanmak.

Y por supuesto a mi amigo Luis Tobalina, autor del dibujo de la portada.

Se encuentra a la venta en Madrid, en La casa del Libro FNAC Fuentetaja, Crisol, Antonio Machado y El Corte Inglés, entre otros.En Aranjuez, en la Librería Estudio (Calle Valeras) y próximamente en el resto de librerías.

oooOooo

Cada logro de un compañero en el camino de las letras, es un logro casi propio.
Sabemos de la dificultad de publicar, sabemos de las puertas de las editoriales en nuestras narices, sabemos de engendrar hijos llamados libros durante meses o años.
He observado el trabajo de Juan Antonio, en agunos momentos me ha contado de su cansancio, pero helo acá, a punto de presentar en sociedad a ese primer hijo de tinta y papel. Hubiera querido estar allá, para brindarle a Juan Antonio un aplauso lleno de admiración, por su amor a las letras, por su tesón y porque este amigo demuestra que todo sueño es posible de ser alcanzado. Sea la presentación de "La mano de la diosa" un aliciente para todos los camaradas que deseamos parir un libro y que miles de veces desmayamos exhaustos.
Felicitaciones Sereira, un largo y exitoso camino para el escritor, pero en especial, para el hombre bueno que hay en ti.
Nat

lunes, octubre 29, 2007

NARRATIVA - EL BESO DEL PRINCIPE

Colaboración de Manuel María Murrillo Vallejos, España.

EL BESO DEL PRINCIPE.

Las historias bonitas no siempre lo son a ojos de todos, eso me dijo una anciana, con la que tropecé un día que paseaba por el campo. Era uno de esos días en los que el gris alcanza un brillo divino y los colores salvajes, aunque ya manidos por el tiempo, se abren hueco en el alma desenterrando tesoros olvidados. Hacía mucho aire y yo llevaba entrecerrados los ojos. Aquella mujer tras saludarme, dijo exactamente que es lo que yo estaba haciendo allí: --- Estás buscando palabras, eres poeta de la Tierra, me lo contó el viento, por eso te estaba esperando. --- Estupefacto, no supe qué decir, pero no tuve que decir nada, enseguida la anciana continuó:
--- Las historias bonitas no siempre lo son a ojos de todos, que nunca se te olvide, no todos los espejos reflejan la verdad. La madre Naturaleza necesita del hombre para su cuidado. Pero el hombre está soñando consigo mismo y han de ser los propios hombres... aquellos que despierten, serán los encargados de despertar a los demás. Tú buscas palabras en el campo, encuentras el tesoro que te regalan los sentidos, buscas la vida en la vida, la belleza donde está. Acaricia este momento con la fuerza que te quede, medita reposadamente, escucha al viento, a la lluvia, al poderoso rey sol, envuélvete en el delicado manto de la luna, contempla a la flor que está naciendo, oye el rumor del río, el lamento del árbol seco, la reposada nana que canta la hierba. No te quedes sólo en la belleza de sus colores, en la paz que destila nuestro medio, en sus embriagadores aromas. No le cantes al ruiseñor, escúchalo atentamente, siente con el corazón y cuéntalo a la gente. ¡Despierta! ---Dicho esto y sin mediar palabra se fue tranquilamente llevándose con ella el viento que azotaba aquel paraje y el día abrió sus puertas a todo su maravilloso esplendor.

Sus palabras resonaron en mí como el eco en las montañas. Un vacío oscuro se apoderó de mis sentidos por un momento, pero era lógico, aún no había comprendido nada. Todavía no estaba despierto.

Seguí caminando pensando en todo lo que había escuchado hasta que llegué al pie de una hermosa colina. Los pájaros cantaban, pero yo no prestaba atención a su alegre melodía. A la sombra de un par de pinos centenarios me detuve para descansar un poco. Me senté en el suelo reposando la espalda contra uno de aquellos fuertes troncos. Cerré los ojos como queriendo desconectar de todo, respiré hondo, relajé mis sentidos y tras una deliciosa pausa, comenzó a rugir el viento:--- Soy el espíritu del Viento, desde que el mundo es mundo recorro este planeta, moldeo la superficie, ayudo a polinizar las plantas, derribo árboles y casas viejas. Siempre renovando el medio que os rodea, mi trabajo forma parte de la Tierra. A mi deber me debo, cumplo siempre con mi cometido, nunca me quejo, aunque todos dicen que escuchan mi lamento y no es mío, sino de una madre que llora al ver como sus hijos destruyen su seno. Los hombres esquilman los recursos, contaminan todo a su paso. El hombre tiene una sed infinita, sed de codicia, sed destructiva, sed que acabará con su sed. La vida es hermosa, la llevo observando desde el amanecer de los días, pero os habéis alejado de ella, os alejáis del amor más primitivo que conocéis, el amor a la Tierra que os proporciona todo lo que necesitáis. He visto, como poco a poco, ibais comiendo el terreno al resto de las criaturas que tanto como vosotros se merecen el entorno. He comprobado como lucháis contra todo, contra la Naturaleza, contra Dios, contra vosotros mismos… Sois capaces de luchar, no cabe duda, luchar esta vez contra vuestro egoísmo. --- Tras su alocución el Viento dejó de soplar, y la paz volvió al lugar como si nunca lo hubiera abandonado. Inmediatamente, tomé buena nota de todo lo que había escuchado, di las gracias al Viento, a él llegan todas las palabras y a mí me había hablado, yo le estaba agradecido por la deferencia y así lo mostré:
--- Agradezco sus palabras señor del aire, serán escuchadas por todo aquel que las desee escuchar, seré su voz para los hombres. --- El día se mostraba de lo más interesante, había salido en busca de inspiración para mi poesía, lleno de ganas de encontrar alguna bella metáfora, palabras bonitas que añadir a mis rimas. Todo aquello era de lo más inesperado, pero sentía la obligación de continuar con la aventura. --- Seré la voz del Viento. ¡Qué locura más divina!

Tranquilamente reanudé mi paseo, pero esta vez prestaba mucha atención a cuanto sucedía, no quería perder detalle de todo cuanto ocurriera a mi alrededor. Caminaba por una senda sinuosa a través de un pequeño valle, unas cuantas mariposas dejaron su juego entre las flores para acompañarme en el camino. De pronto, vi como una luz iluminaba el cielo a lo lejos y pasados unos segundos escuché el ruido estruendoso de un trueno. Parece que va a llover, me dije. El día estaba oscureciendo, las nubes tapaban el radiante sol que lucía, pero no tuve cuidado de buscar cobijo, estaba decidido a empaparme y continuar con la andadura. Pronto las gotas de lluvia empezaron a correr por la cara, sentí como refrescaban el rostro y el espíritu. La sensación era tan reconfortante que no parecía que anduviera, sino más bien que estaba siendo transportado... Cuando estaba a punto de llegar al séptimo cielo escuché una voz que sonaba abemolada:
--- El Viento me trajo a ti Poeta, soy el espíritu de la Lluvia que impregna la tierra y llena los ríos. Sin mi presencia el mundo enferma y muere. Castigo cruel es la sequía. Yo no impongo los tiempos, sino es el tiempo quien me impone. Los hombres juegan con el mundo, influyen en el clima, destruyen el hábitat de la amada Naturaleza. Los bosques me reclaman y sus plegarias siempre son escuchadas. Los hombres han talado los bosques, ellos ya no me llaman, yo no acudo, la Tierra muere, el hombre también muere, pero no se da cuenta. El hombre está enfermo, igual que la tierra. La humanidad no comprende que no puede vivir sin la Naturaleza, pero que ésta permanecerá aún sin ella. La Tierra está hablando, os muestra sus heridas, no aprendéis de los desastres, no os avergüenzan vuestras tropelías. Volved al redil ovejas descarriadas, caminad de la mano de la madre Naturaleza, seguid sus sabios pasos, siempre hay tiempo, hasta que deja de haberlo.--- La grata voz de la Lluvia resonaba en mis oídos como un coro angelical. Me dejé transportar por sus palabras sabias, reteniendo cada una de ellas. Tras una pausa acerté a decir conmovido:
--- Seré tu voz para los hombres dulce Lluvia, haré llegar el mensaje, con toda la presteza que pueda reunir.--- La lluvia seguía cayendo y mi corazón estaba empapado, por todo aquello que había escuchado, el Viento, la Lluvia... La Tierra está en peligro, sólo tengo una. ¡Toda! La misión que se me había encomendado, comenzaba a convertirse en un acto de fe. Lucharé con todos los medios para que estas palabras no caigan en el olvido, me repetía a mí mismo mientras proseguía el camino.

Poco a poco pasaron las nubes y descubrieron un sol maravilloso, el arco iris lucía precioso, como enmarcando una foto de ensueño. La vida continuaba hermosa. Nuevamente cantaban los pájaros, zumbaban los insectos, el aire permanecía húmedo, al igual que el suelo, el barro se pegaba a las botas y la melancolía al corazón.

No pasó mucho tiempo, cuando pude observar al Sol hacer un gesto, me estaba haciendo un guiño. Tiene que ser a mí me dije y le espeté: --- ¿Qué desea mi amada estrella, rey de las estaciones, motor del mundo, de su humilde servidor? --- A lo que contestó:
--- No era a ti, era a la Luna. --- Y comenzó a reírse. Sí, como podéis imaginar, el Sol es un poco bromista. Continuó diciendo: --- Soy el espíritu del Sol, sé que has hablado con el Viento, con la Lluvia, ellos están preocupados, se toman las cosas demasiado en serio. Yo observo todo cuanto pasa en mi reino. La vida es un accidente de la Naturaleza, mero accidente y como pasa con los accidentes, nunca son voluntarios. El hombre tiene más recursos de los que necesita, pero no le importa, siempre quiere más. No es culpa suya, es que no está bien hecho, como ya dije, tiene demasiados recursos. Se ha convertido en el falso dios de su medio, y no es un dios bueno, no es un dios sabio, no es un dios. Quítale la inteligencia a ese cerebro y seguiría colgado de los árboles. A mí me resultaba mucho más mono antes... Cuando todavía cumplía con su labor en el mundo, pero… ¿Qué más da? Ninguno de vosotros llegará a verme viejo y soy demasiado heliocéntrico. En eso me parezco un poco a vosotros. Hubo un tiempo donde me levantabais templos, me adorabais como al dios que soy, pero ya nadie me recuerda, ya no me adoran y he perdido el interés de los humanos. Yo no soy el culpable de que aumente el desierto, yo no soy el culpable de que suba la temperatura en la Tierra. Sois vosotros falsos dioses, los que estáis jugando con fuego. Aún estáis a tiempo de rectificar, si no lo hacéis, seréis pasto de las llamas. --- El Sol me había hablado y se escondió tras una montaña, no me dio tiempo a darle las gracias por sus palabras, le grité:
--- Gracias astro rey por tus palabras, advertiré al mundo de tu visión y continuaré esta misión hasta que mi voz sea recuerdo.--- Triste por las noticias que me llegaban, pero feliz por poderlas dar a conocer, una sensación contradictoria me embargaba.

Anochecía rápidamente, las sombras iban abriéndose camino a través de los páramos. Como cada día llega la noche y la luna corre presta a ocupar el sitio que le corresponde. Lentamente va salpicándose el cielo de la tímida luz de las estrellas.

Caminaba sin rumbo, a mi cabeza volvían insistentes las palabras que había escuchado: aquella vieja extraña, el Viento, la Lluvia, el Sol... El día había sido muy productivo, tal vez la noche me guarde alguno de sus maravillosos secretos. Me interné en un pequeño bosque que salió a mi paso y andando por entre los árboles podía sentir el abrazo de la naturaleza en cada rama que tocaba. No tardé mucho en encontrar un claro, un claro de luna. Había una roca en el centro, me senté a descansar un poco y contemplar el cielo. Miré a la Luna, parecía dormida ¡Qué bonita que es la luna, qué sería de la poesía sin la luna! Sin su noche de fábula, sin su encanto infinito, ese resplandor de plata al que tantas veces le he escrito, ese poder nostálgico que evoca su visión. Luna, Luna bonita, háblale a estos ojos que te miran.

Invoqué al espíritu de la Luna y atendió mi ruego: --- Bucólica noche es ésta, Poeta. En el cielo reina la melancolía, que reine la paz en los corazones. Yo no soy ese espejo de plata, donde coqueta se mira la Tierra, ella también es mi madre y a su encuentro acudiré algún día, cuando las noches sean sólo noches de invierno y los días ya no sean días. Continuaré siendo la luz que alumbre las noches de amor apasionado, el insomnio del bardo atento a la belleza. Justificaré los días de los lunáticos que pueblan el mundo. Seguiré acompañando vuestra existencia y continuaré aquí tras ella. Placer encuentro en expresarte, que para los hombres anhelo los más saludables deseos. Encontrad la paz en vuestros corazones y mirad con esperanza al mañana. Éste es el papel que me ha tocado, ser del mar la marea. Sigue tu luz pequeño vate, sigue insistiendo en el camino, sé que te llevará a buen puerto, ése es tu destino.
--- Cerró sus ojos la Luna, sigue durmiendo, sigue dormida, pero nos lleva tanto en sus sueños, como la llevamos nosotros en nuestra vida.

Seguí mi camino andando por el bosque, feliz de mi encuentro con la reina de la noche. Anduve por los intrincados vericuetos que me proporcionaba el terreno. No sin dificultad, atisbé al fondo una planicie, el bosque terminaba y el camino sería más transitable.

La luna iluminaba en todo su esplendor un pequeño paraíso que a mis pies se extendía. Sin duda, si existió el edén, éstas eran sus flores. Salpicado de colores el terreno discurría y yo me tumbé en la tierra con mucho cuidado de no aplastar a ninguna. Quería ver como de un pequeño tallo, un brote insistía en ver la luz primera. Con paciencia, con tiempo, con todo el tiempo del mundo, asistí emocionado a la espera. Poco a poco iba abriendo sus pétalos, cuánta belleza, qué poder inimaginable desprende la naturaleza. Como por arte de magia se extendieron sus pétalos y contemplé como lucía flamante una nueva flor. Que sea tu nacimiento un rayo de esperanza, el anuncio de una paz esperada. Si pudiera hablar una flor… ¿Qué diría? Contempla lo hermosa que es la vida, eso es lo que creo que diría. Emocionado por aquel instante mágico, se llenó mi mente de palabras de agradecimiento, a la extraña mujer que me instó a admirar ese momento. Nunca podré agradecerle todo lo que estaba viviendo.

Con el corazón encendido por la emoción seguí mi camino. En mis pensamientos estaba el Viento, la Lluvia, el Sol, la Luna, la belleza de la vida y las palabras de una anciana que nunca podré olvidar.

Trecho a trecho, disfrutaba del camino que a mis pies se abría. Proveniente de algún lugar escuchaba el sonido de una corriente. Cada paso que daba se hacia ésta más audible. Casi sin querer me di de bruces con un río, que a la luz de la luna asemejaba más un filón de plata. Me arrodillé para beber agua y fue entonces cuando escuché el rumor del río:
--- Soy el espíritu del río, es mi afán llevar el agua hasta el mar. Regar las riberas que a mi paso salpico de vida y colorido. Doy de beber al sediento. Transporto desde la sierra los sedimentos. En mi curso se licencian las ciudades y los árboles nunca están mejor acompañados si estoy a su lado. Soy fuente de vida en movimiento, nunca reposan mis aguas. Mi caudal enferma por la polución, soy víctima de la contaminación, en mi lecho vierte sus desechos la civilización. La industria no piensa en mis hijos, ni tampoco piensa en los suyos. Mi salud, es salud para todos, salud para el medio que me rodea. Escucha el murmullo del agua, que durante el curso de la historia he contado a las criaturas que pueblan mis orillas… --- Con la boca fresca, como el oído, mi alma se alegraba con el agua del río, le dije:
--- Salud torrente vivo, gracias por tus tesoros, por tu servicio. Seré tu voz para los hombres generoso río.

Me alejé de la protección de las aguas y continué mi paso. No tardaron en mostrarse nuevos signos. Lejos del curso del río, la vida se mostraba seca, triste, apesadumbrada. Observé un gran roble con eminentes muestras de falta de agua y al recostarme contra él puede oír como una voz quebrada sacudía el aire: --- Sed, tengo sed, mis hojas se marchitan, se mustia mi espíritu y mis ramas quebradizas se parten con la brisa. Agua, quiero agua que hidrate este seco tronco. Lluvia, ¿por qué no vienes a mí? Este árbol solitario implora tus gotas, quiero sentir resbalar tus lágrimas por mis ojos. Canto amargo y quebrado dedicado a las nubes, cantar del amor a la tierra dadora de existencia. ¡OH, grata Lluvia, imploro tu bendición, camino del otro mundo sin tu milagrosa aparición...!--- Y llovió.

Las gotas de lluvia corrían por mi cara y una alegría extrema recorría mi cuerpo. Grandes milagros ocurren en la naturaleza, grandes historias que no tienen voces para ser contadas.

Me alejé de la preciosa escena, conmovido todavía por el momento mágico de su visión. No muy lejos de allí encontré una senda, decidí seguir su curso. El camino serpeaba subiendo una colina y al bajarla me di cuenta que un pequeño prado aparecía. La hierba verde y mullida asemejaba a un colchón de lana y no puede evitar la tentación de probar la cómoda imagen. Acostado sobre la fresca hierba, aún húmeda por la lluvia, escuché un quedo murmullo que decía: --- Afina bien los oídos Poeta, reposa tu cabeza en mi lecho y atiende la dulce nana que vele tus sueños. Descansa del fatigado camino, no encontrarás una cama más cómoda, ni un lugar más propicio para reponer las fuerzas y el alma.

--- Y me cantó la hierba: --- Dulces sueños. Sueño bello y hermoso, que me acunas en la noche, méceme con cariño, como si fuera tu niño. Que sueñe con verdes paisajes y ríos de plata los bañen. Con un paraíso perdido, que en mis sueños lo halle. Sueño bello, onírica fiesta, alza el vuelo, como una cometa. Llévame contigo, sea donde sea, al mar templado, o a la dura tierra. Sueño fugaz, como una estrella, regálame un haz, de maravillosos, poemas. --- Y descansé.

Con el canto quedo de la hierba me sumí en un profundo sueño. La hierba habla susurrando, entre susurros, también canta, pero hay que prestarle el oído. La paz se vuelve sueño entre sus brazos acogedores.

No sé cuanto permanecí dormido, una voz emanada del mismo centro de la tierra me sacó del dulce letargo: --- Poeta, soy la voz de la tierra, siempre es necesario el descanso, pero recuerda la última palabra que me escuchaste por boca de una anciana. ¡DESPIERTA!




Nota del autor: * El título de este relato no es más que un deseo personal de que, como en los cuentos, os llegue como un beso mi palabra y despierte en vuestros corazones el amor a una tierra necesitada de afecto.

martes, octubre 09, 2007

NARRATIVA - EL OBELISCO INTERIOR

Desde España, Fernando García Muñoz, nos hace llegar su colaboración.

EL OBELISCO INTERIOR.

Érase una vez en un lejano pueblo del Nepal, a los pies de la cordillera del Himalaya, que entre sus habitantes corría la voz de que en la cima de la montaña más cerca habitaba un ermitaño que daba cobijo en su caverna a un genio que concedía todos los deseos.
Muchos aldeanos emprendieron su peregrinación hacia la montaña, abrigando unas esperanzas que no tardaron en desvanecerse. Todos y cada uno iban regresando ladera abajo totalmente desilusionados y descontentos después de haber alimentado tantas expectativas.
En la aldea vivía un humilde campesino que al enterarse de la noticia, se animó a visitar al ermitaño. Dispuso su talego y cayado y emprendió la ascensión a la montaña pensando en lo que le pediría al genio.
Cuando llegó a la cabaña del eremita, exhausto y abatido tras el largo viaje, suplicó un poco de agua al venerable anciano y tras un breve descanso le dijo: - Honorable señor, ha llegado a mis oídos que dais cobijo a un genio que concede todos los deseos. ¡Es cierto!
- Así es, pero si quieres contar con sus servicios, debes saber que has de tenerlo siempre ocupado. Si no es así, te destruirá.
- ¡Pero señor! Soy un pobre y humilde campesino que no poseo nada y mi vida está plena de miserias y desgracias. Si pudieras cedérmelo por algún tiempo, te estaría profundamente agradecido, y no sabría cómo pagártelo.
- De acuerdo, -contestó el anacoreta-. Pero no olvides lo que te he dicho. Tenlo siempre ocupado.
El humilde campesino emprendió el camino de regreso por la ladera de la montaña llevándose al genio con él. Al instante comenzó el genio a pedirle que le diera algo para hacer. El campesino ante la insistencia, le dijo que le proporcionara un asno para así hacerle el viaje más placentero; y ambos subieron a lomos del animal.
Acto seguido prosiguió el genio: dame algo para hacer o te destruiré.Así que el campesino le dijo que le construyera un castillo y que le proporcionara una joven y bella consorte para hacerle la vida más feliz. Sus deseos fueron complacidos al instante. Seguidamente el genio continuaba en su empeño de destruir al campesino que se llenaba de posesiones; mas no podía disfrutar de todo lo que iba acumulando en su vida.
Así que iba pasando el tiempo y se daba cuenta que era más infeliz que antaño, al no poder disfrutar de nada por temor a ser destruido; por lo que una mañana se levantó temprano y fue a visitar al ermitaño. Le explicó lo desgraciado que era y le suplicó que le diera una solución a su problema.
El solitario anciano, compadeciéndose del campesino le dijo: construye un obelisco en el patio del castillo que posees y cuando el genio haya terminado de concederte algún deseo, dile que suba y baje por el obelisco hasta que le avises. Así que cuando el genio no estaba atareado en conseguir los deseos de su nuevo dueño, sabía que debía subir y bajar por el obelisco hasta una nueva petición.

Fernando García Muñoz
Bitácora del autor:Pasajeros en el tiempo

domingo, septiembre 09, 2007

El pulpo y el marinero



Desde España, Angela Calderón.



El pulpo y el marinero.

Hace mucho, mucho tiempo, había un pulpo violáceo muy bonito que se encontraba como pez en el agua en las frías corrientes del Atlántico. Le encantaba meterse por el estrecho cuello de las botellas que poblaban el fondo marino y jugar a ser un mensaje para un marinero de mucha edad que esperaba noticias de su familia desde hacía años. Imaginaba qué querrían decirles sus familiares y lo dibujaba con sus tentáculos en el cristal de las botellas aún a sabiendas de que nadie lo vería. Cierto día, un marinero, que asomaba su aburrida cabeza por la borda del pequeño barco en el que llevaba años viajando sin demasiado éxito, vislumbró bajo sus aguas amigas un extraordinario animal que hacía curiosos movimientos dentro de una pequeñísima botella. Nadie sabe si el marinero leyó algo o descifró un misterioso enigma acuático con esta visión, lo único real es que se lanzó al agua y sin problema alguno tomó la botella de la que salió el pulpo...meses después abría la puerta de su casa para encontrar a su mujer con algunas canas más sosteniendo un pequeño en brazos. Cuentan que el pulpo aprendió a vivir en una ría cercana a la casa del marinero y que se quedaban horas el uno junto al otro dibujando mensajes en una botella.





viernes, septiembre 07, 2007

SENTIDOS Y NOSTALGIAS por Moscugat (Taller)


Cuando vine a vivir al centro de la capital nunca imaginé que podía llegar a disfrutar de una paz y una quietud dignos del más íntegro de los silencios. Con anterioridad viví durante largos meses en casa de mi padre, en plena ebullición de un pueblo costero universalmente conocido. Allí, dormía en una habitación cuya ventana venía a dar al aledaño de una carretera principal, nervio éste que sopesaba el devenir de cientos de miles de vehículos al cabo de un día. Al alcance de la vista tenía otras ventanas similares a la mía que pertenecían a un edificio de apartamentos y estudios, por lo que me veía obligado a tener la persiana casi en su totalidad echada, ya fuese verano o invierno, para mantener una privacidad similar a la que se sometían mis congéneres.


Con el paso de los días creí habitar en el cuenco de un ojo perezoso o incluso ciego, es decir, que mis sentidos se centraban en imaginar lo que oía llegar desde la rúa, el olor a gasolina quemada, cada grito, cada rugido de motor, el silbido del viento que acostumbra a soplar por Torremolinos… todo ello era imaginado y mezclado en tinturas de memoria donde se recreaban en mi imaginación los recovecos de insignes aventuras. Tenía por costumbre, y la sigo teniendo, dormir bien entrada la madrugada, cosa que no me ha abandonado aún desde allende los tiempos en que me inicié en este tortuoso camino de la escritura y que ya me acompaña sin la ambición de un principio de llegar al punto de lectura de otros lectores como yo. Durante las madrugadas acompañaba mis nuevos versos el maullido de los gatos que de seguro pateaban las calles con dignidad principesca en busca de los manjares que los vecinos de la zona le dispensaban en un callejón cercano.


Las noches me provocaban efluvios imaginarios que la ceguera me privaba degustar para que los sentidos se sintieran completos. Y la imaginación desbordaba en un sinfín de alboronías abigarradas. Cuando ya todos dormían, cuando yo decidía entonces descansar al amparo de Morfeo, subía la persiana y el aire, que ya no llevaba en sus lomos los regustos de la gasolina quemada, incrustaba en mis fosas nasales los efluvios del salitre del mar y así ensoñaba con el paraíso que permitiera mi descanso y mi sueño, hasta que lograba dormir.


Ahora vivo, como dije, en pleno casco urbano y, a pesar de lo contradictorio que pudiera parecer, el sórdido silencio opaca el contraste de la libertad de tener el párpado de la persiana permanentemente abierto, desde donde se divisa el cenit de una vieja capilla bicentenaria, el repiqueteo de las campanadas cuando doblan puntuales y en sus cuartos; un cielo límpido unas veces y otras anaranjado cuando hay calima, así como amoratado de noche cuando la pólvora que lleva las nubes en sus lomos va con pretensiones de deflagrar, dejándose morir desangradas sobre todo mortal; y un edificio viejo, deshabitado y abandonado donde habita el silencio unas veces, otras unos felinos que me brindan los efluvios de tiempos pasados, a los que de cuando en cuando observo y me permiten rememorar versos de antaño y hogaño que, aun teniendo relativamente lejos el mar, me permiten oler a salitre cada vez que les oigo maullar, como si el rubor de las olas al quebrarse sobre la orilla escapasen de sus gargantas para ir a parar a la memoria de mis oídos y, por extensión, de mi olfato.

jueves, septiembre 06, 2007

Horizontes Abiertos (Taller) Manuel Canteros


Por el blog o por correo personal habéis deseado que me cambien de habitación y que pueda tener unas vistas mejores que las de mis dos ventanales. He invitado a Eric Grohe, el gran transformador de muros pelados en paisajes profundos y bellos. Y ha abierto ante mí unos horizontes maravillosos.
Hoy me asomo y mi pared blanca se ha llenado de colores en tres dimensiones. A dos metros de mis ojos y hacia mi derecha, se abre una amplia avenida donde hay coches que no contaminan, rascacielos donde los vecinos se saludan, parterres de flores variopintas, y rostros humanos conocidos: poetas que dibujan en palabras sus encajes de bolillos y vuelcan sus vivencias inmateriales. Mujeres y hombres, jóvenes y mayores, que van o vienen sin prisas, como regodeados en su pacífico deambular. Mil detalles de buen gusto en escaparates, conversaciones, librerías y comercios de souvenir.Ahí, al frente, una fuente que mana justicia, unos hilos cristalinos, sencillos, como de amantes que confluyen limpios en un solo punto, y un chorro alto que trata de enfocar el Cielo como un dedo que señala hacia la altura.
Un poco perdiéndose ya por la izquierda, una castiza calleja llena de macetas y flores de mil colores... Las hay rosas reventonas de amor, sencillas violetas de bondad, pensamientos que evocan que lo humano es más que instinto; geranios cruzados con predominio rosado, donde se advierte el encuentro de dos que se han hecho una sola vida y así permanecen siempre felices. Brotando del revoco de una pared o asomándose por un tejado, florecillas silvestres que hablan de la fuerza de la vida, de una naturaleza que rompe los esquemas racionales y gritan en verde y amarillo la fuerza de una creación que no ha salido de la nada.
Me emborracho de sonidos, colores, filigranas estéticas de mil sabores en los que gozan mis sentidos. Un pájaro cruza el horizonte con su trino armonioso, al que le hace coro la algarabía de la bandada. Sí: ahí en lo alto de mi muro colorista, casi saliéndose ya hacia las alturas.Y podría seguir narrando y perdería el sentido del espacio y del tiempo, absorto en esta sinfonía que percibo: mis ventanales se han abierto y dentro de mi sueño hay una luz que desborda, unas profundidades que aturden... Ya no necesito la bombilla encendida. Me asomo a esa visión y cierro los ojos para observar cumbres mayores que el Himalaya, nevadas de blanco perenne y chorreando cascadas de agua limpia que bulle y alimenta. A distancia, mares extensos que no tienen línea de horizonte porque siempre cabe otro más allá.
Veo..., siento..., vivo... ¿qué podría deciros? Estáis vosotros: Chile, Argentina, Nicaragua, España con sus regiones variadas, diversas en sentimientos y geografía.
Veo nubes y cielos despejados. Y hasta en los días de tormenta y por encima de los nubarrones, el cielo sigue siempre azul.

Mis ventanas. Marisa Serrano (Taller).



Orientado al este, observo un gran ventanal generoso, que me regala todos los días los rayos del sol recién nacidos


Cuando me asomo veo una calle ancha y larga con un bulevar en el centro, sembrado de musgo verde y cuidado diligentemente por operarios del Ayuntamiento, que siempre luce las flores propias de temporada. Completa el conjunto unos arbustos podados, en forma de esferas,. Este alargado jardincillo tiene el propósito de separar la intensa circulación de ida y vuelta, de los numerosos coches y autobuses, que transitan rumbo a la zona sur de Madrid y a las carreteras de Andalucía y Toledo. Y de éstas al centro.
A este tráfico bastante numeroso hay que añadir las salidas de los coches de servicio de un parque de bomberos que al estar muy cercano casi siempre toman este camino. Así que los estímulos visuales y auditivos están asegurados hasta altas horas de la madrugada. ¡Ah! También es camino obligado hacia el estadio Vicente Calderón, sede del Atlético de Madrid con lo que los días que se celebra un partido de fútbol, escucho toda clase de canciones animando a los equipos respectivos y los insultos o aleluyas al acabar el evento.
Afortunadamente, el edificio donde vivo tiene sus ventanas bien insonorizadas. Y salvo que éstas estén abiertas, sólo escucho diversos rumores sordos animados por las sirenas de las ambulancias.
Completan el panorama gentes caminando de forma rápida, por las aceras, como todos lo hacemos aquí. A lo cual ya nos hemos acostumbrado y sólo noto esta rapidez cuando visito otra ciudad o pueblo.Otro día os explicaré las ventajas de los urbanitas.
























lunes, septiembre 03, 2007

La ventana de la nostalgia. Marga Fernández. (Taller).


Cuando la vista se cansa de reposar sobre la pantalla del ordenador, levanto los ojos y me encuentro con una pequeña y tranquila placita con bancos, rodeada de ocho farolas, en la que vida del barrio transcurre de forma pausada. Está orientada al oeste y juego a calcular las horas por el dibujo de las sombras en las paredes y el suelo. Todos los días dos viejos se afanan en recorrerla tercamente con pasos cansinos durante kilómetros y horas en una especie de carrera en círculo contra la muerte, una carrera de antemano perdida, un paseo que no lleva ninguna parte. Mi gata me acompaña en esta mirada, suele ponerse en el alfeizar a tomar el sol entre las plantas o sobre el escáner mirando lo que hago como si pudiese entenderlo.
A lo largo de mi vida he tenido muchas ventanas por las que desfilaron personas, hechos, modas, historias diversas, paisajes maravillosos o deprimentes, todas ellas dejaron la huella del recuerdo en mí. Pero hay una ventana que, a pesar de los distintos lugares en los que he vivido, siempre me ha acompañado, es una ventana a la nostalgia, a la añoranza de lo perdido en el más puro sentido proustiano, una ventana que se llena todos los días de canciones, olores, voces, de, en una palabra, vida. Supongo que la mayoría las casas tienen esta ventana, la más humilde, la que da a un patio de luces donde la gente tiende después de lavar los trozos de su vida, ropajes que les han acompañado y que necesitan tomar el sol para purificarse.
Cuando siento la nostalgia me acomodo en mi ventana, cierro los ojos mientras el sol me da en la cara y el espacio se llena de las coplas que Angelita lanza al aire desde el bajo. La voz se amplifica en la paredes interiores y en mi surge la voz de mi abuela, eterna criadora de los retoños de su hija, cantando mientras airea colchones, sacude alfombras, “Te quiero más que a mi vida, te lo digo, compañero….”, cuida la olla, pone el chocolate a hacerse, te peina las trenzas, “no debía de quererte, no debía de quererte…” ríe y te besa mientras trajina incansable “y, sin embargo, te quierooooo”.Inspiro hondo y un olor a jabones me inunda, vuelvo a volar cogida a la falda de mi abuela, barreño con la ropa sucia en la cabeza y la pesada tabla de lavar sobre la cadera, hacia los lavaderos de mi infancia, lavaderos públicos antes de las máquinas de lavar, lavaderos donde las mujeres con los brazos arremangados con frío o con calor golpeaban las prendas mientras hablaban entre ellas, reían y ese ponían al día de los acontecimientos de pueblo, contaban sus amores y sus penas en una especie de cofradía fuera del alcance de los hombres. Los temas a veces se volvían escabrosos y las voces cambiaban de tono y se volvían apenas un susurro para que los niños no las oyéramos. Esa era la señal para que intentáramos agudizar más el oído o comenzásemos a preguntar con insistencia, al sentirnos rechazados, expulsados de aquel paraíso. Después tendían la ropa sobre la hierba para que se blanquease y todo se inundaba de un olor a limpio que yo confundía con la felicidad, ese mismo olor que ahora me inunda mientras las sábanas de mi vecina voltean sobre mi cabeza empujadas por el viento, dejando tras de si perfumes de añoranza.

viernes, agosto 31, 2007

Desde mi ventana.. Lupe García (Taller).











Cada mañana a las siete oigo como mi vecina Concha se dispone a que su puerta sea la primera del barrio en estar limpia y fresca para que todos la disfruten al pasar.
(Costumbre del pueblo empezar la limpieza diaria de las casas por la puerta de la calle).
Me doy media vuelta en mi cama y saboreo la hora de sueño que aún me queda antes de que todos salgamos a nuestras respectivas tareas.


A las ocho en punto me asomo a mi ventana y veo una calle estrecha y encalada, puertas de grandes casas solariegas donde la mayoría de la gente ya no está.
Recuerdo cuando era niña que la hora de la siesta se llenaba de chavales merendando pan y chocolate o aceite con azúcar en una rebanada.


Me tomo un café solo y despierto a mis hijos. Después veo como se alejan para coger el autobús que les lleva al instituto todos los días.
Sigo contemplando como la calle va cobrando vida.
Gente que va al médico o al ayuntamiento y se cuentan los achaques que el frio provoca en sus huesos o la subida de impuestos.

Por las tardes me gusta retomar la lectura detrás de los visillos color champagne y al calor del brasero de picón que mi padre aún no ha perdido la costumbre de encender a diario y todos los días me visita con la propuesta de que mi casa se enfría demasiado. (En los pueblos esta es la mejor calefacción).
Yo me dejo querer con el calorcillo que él desprende.


A veces me gustaría tener una ventana con vistas al mar….
Mi calle es larga y estrecha y muy blanca y desde mi ventana se puede acariciar la soledad de los pájaros.

jueves, agosto 30, 2007

Desde mi ventana – Fernando García Muñoz – (Taller).


Desde la ventana de la estancia más grande de la casa, que por cierto es la habitación que compartimos mi hijo y yo. El tiene su dormitorio y yo mi mesa de trabajo y estudio. Dos librerías con puertas de cristal, de Ikea. Y todo el mobiliario de blanco con paredes de friso color blanco, instalado por mi. El ordenador portátil al que he acoplado un monitor-televisor que me permite captar vía satélite los programas de Maharaji, a través del Hot Bird de Eutelsat, con una antena parabólica exclusivamente para mi, ubicada en el terrado de la finca. Una finca con 252 apartamentos y como en las grandes ciudades, cada uno va a lo suyo y si pasamos de darnos los buenos días, mejor que mejor. Uno al final se acostumbra a todo.
Pues bien desde esa ventana y desde la pequeña terraza que da a la calle, a la altura de un cuarto piso, observo todo mi mundo inmediato. Enfrente de nuestro bloque tenemos un vecino, ya jubilado que está siempre limpiando los cristales y al cual lo hemos bautizado como "el pulido". El piso de abajo del pulido, tenemos un chico que debe tener algún problema mental. De vez en cuando corre la cortina tímidamente y como escondiéndose detrás, mira la calle, nos miramos y se esconde de nuevo.
Cuando tenía una bicicleta estática y hacía ejercicio antes de ponerme a meditar, sobre las nueve de la mañana, siempre salía detrás de la cortina y miraba cómo yo hacía bici. Es curioso como podemos estar toda una vida haciendo las mismas cosas a la misma hora y envejeceremos haciendo las mismas cosas cotidianamente.
Tengo delante la Ferretería del barrio, la frutería, y la entidad financiera y mucho ladrillo, demasiado ladrillo, demasiada calle, demasiado asfalto, y pocos coches. La verdad es que es bastante silenciosa la calle. Da gusto salir a la terraza, apoyarse en la barandilla, respirar hondo y a observar lo que la vida te trae delante de tus ojos para que aprendas alguna lección. Me gusta salir algunas noches a la terraza y en el silencio de la noche, me gusta observar a las personas. Quien entra, quien sale, en qué estado vienen a las tantas, quien grita en la noche dando bandazos de un sitio a otro, cantando sin el menor escrúpulo, y sin caerse. Algunas carreras por alguien que ha robado en algún lugar y vienen calle abajo gritando. Es curioso, somos tantos que hay de todo en la viña del Señor.
Y sin embargo todos estamos aquí, se dice que en esta época estaremos todos, hemos de aprender algo que se traen entre manos los diseñadores del plan estratégico divino.
Lo más apasionante y maravilloso de mirar por la ventana, es que tenemos dos preciosas ventanas ubicadas en nuestras caras, por donde un maravilloso ser está mirando y en la medida que ese ser que mira y observa, disfrute más de la existencia y de la experiencia interior, verá un mundo mágico y asombroso delante de sus narices. No importa lo que observe ni a quien vea. La obra de arte se estará manifestando hacia dónde mire. Los colores, la espátula, la paleta del pintor interior irán trazando y dibujando la perfección. Y lo más increíble de todo es que el corazón es el único que puede captar esa grandeza de la creación. Todo estará en su lugar, no sobrará nada ni habrá que quitar nada. Todo será perfecto. Y todo se estará manifestando desde mis ventanas.

MIS DOS GRANDES VENTANALES. Manuel Cantero. (Taller)


Nat vuelve a la carga con sus simpáticas ideas. Es de agradecer.

Pues os diré que yo tengo una hermosa habitación, quizás la más grande de la casa. Tiene dos muy hermosos ventanales de doble hoja, de los de construcción antigua, con 16 cristales cada hueco. Y aquí os podría contar esa historia del ciego del Hospital que hacía feliz a su compañero de habitación describiéndole los parterres de flores, los vistosos uniformes de una banda de música, el parque de fuentes saltarinas o las puestas de sol multicolores, y mil etcéteras que “veía” desde su ventana.

Porque es que mi habitación es interior en un patio ciego, con un muro pelado a dos metros y pico, que me obliga a tener la luz eléctrica casi todo el día.

No. No me tengáis lástima. No me falta nada. Tengo de todo. Veo de todo por mis ventanas. Porque os aseguro que, como el ciego aquel, dentro de mí están todas las flores, fuentes, colores, historias... Todavía más: desde mi patio no veo ni el cielo. Mal dicho: no veo el firmamento, si hay nubes o si hay pleno sol o si llovizna. El Cielo, el Cielo, sí lo veo. Si me sitúo en dirección a las ventanas, en realidad lo que tengo delante es el ordenador en medio de las dos cristaleras. Y ahí se me abren luces mucho más amplias que las de mi aposento. Porque ahí en la pequeña ventana de mi monitor os veo a cada uno de vosotros, mis varios amigos que estáis ahí, y los otros muchísimos que siguen prefiriendo recibir mis cartas, mi aliento, o mi acompañar sus penas, o leer mis artículos, mis reflexiones, mis deseos de ser cercano a cada uno... Veo así en todos, vosotros o ellos, alegrías, veo contrariedades, veo grandezas, veo limitaciones, veo con ilusión el gozo de una participación fraterna o de un comentario constructivo, o el dolor de un mal rato por una interpretación menos acertada.

Por eso decía que el firmamento no lo veo desde mis ventanas. Pero el Cielo, sí.

Y hasta si me vuelvo de espaldas a mis ventanas veo otro mundo que llena mis espacios lúdicos: una gran colección de mi música favorita. Otra forma de “cielo” que ocupa mi higiene mental cada domingo por la tarde. Y eso es también parte accidental de ese sentirme bien..., bien de verdad.

Ese Cielo que sí puedo ver desde mis ventanas, por algún poco empieza.

A través de la ventana. Julia Martínez Isasi. (Taller).

La casa donde yo vivo tiene tantas miradas..., esto es una cualidad que permite disfrutar a cada uno de los tres pares de ojos que la habitan, espacios y tiempos similares sin rozar nuestras percepciones, diferenciándolas para poderlas saborear mejor.
Yo suelo mirar al Oeste. Ahí la ventana me trae los vientos del mar, unas veces en calma otras huracanados.La estancia que termina, tras mi casa, la delimita un muro. No es muy viejo, el efecto del agua cuando riego, los salpicones de la piscina cuando los niños se zambullen han hecho que parezca viejo, lo cual le da un aspecto eterno y a la vez perecedero...; la piscina me transporta, cuando enciendo la depuradora, a las cataratas del Niagara, al lecho de algún río cristalino, a las fuentes de la Alhambra..., el agua cayendo susurra todos los espacios bellos imaginables.
En el lado izquierdo un brezo cubierto de plantas que se enredan, trepan y florecen..., lilas y anaranjadas. Allí se ocultan las avispas, los pájaros al amanecer, lagartijas..., bichitos que dejo a su antojo, que me acompañan cuando la casa está vacía, cuando el silencio truena los gritos y jolgorios de los niños. Otras veces en cambio, el silencio es tranquilo, que es cuando están, en los momentos de máxima presencia, un silencio maravilloso, el que permite escuchar sus voces, risas, llantos, disputas, golondrinas posadas en la cuerda del toldo..., qué paradoja,silencio en el ruido, la escucha... y en el otro lado la más ruidosa soledad, esa que llamamos añoranza.
Hay un rincón, muy pequeño, justo debajo de la glicinia, donde más humedad se acumula. Todos ahí tienen su espacio, plantitas que crecen espontáneas, lombrices, flores caídas después de ver succionados sus estambres, la manguera enrollada y un olor especial entre dulce y terroso, que me trae las lluvias del Norte, qué delicia. Es un diminuto mundo lleno de vida, apenas dos metros cuadrados. Un cerezo que planté hace tres años deja caer sus hojas terminando el verano, cómo huele Dios mío!
Y el cielo, el que a todos nos acompaña, el más fiel amigo, el que jamás nos abandona, al que todos vamos cuando somos niños...; unas veces azul, otras en cambio como el plomo. África en la Mancha cuando cae el Sol. Y si miro por encima del muro hay una casa vieja que debió ser como las ventas que Cervantes describe y aunque derruida, es esperanza que mantiene esta vista mientras ella esté. Montones de cardos estirados al cielo, (este ha sido buen año para ellos) casi es un bosque de pinchos con cabezas azules.
Y no puedo más que describir lo que veo a través de la ventana , desde mi ventana. Ahora tengo sueño, cerraré los ojos, me iré a mi otra casa, que está en un lugar donde las ventanas son más bien pantallas.
Muchos besos a todos .
Buenas noches, lindas.

En aquella ocasión. Pedro Javier M. Pedrós. (Taller).


Como cualquier día sin importancia, sin alturas ni bajuras, se me ocurrió abrir la ventana de mi estudío en otro lugar al habitual y...

En aquella ocasión, me encontraba a pié de playa,era un miércoles de Agosto al medio día,con un calor insoportable, del que me refugiaba en mi vieja sombrilla, cómplice de tantas historias…

Tenía entre mis manos el libro “Fe de erratas “De José María Parreño, perteneciente a la colección Puerta del Mar, abierto en la página 75de esta edición donde leía un poema que empieza…:


“De entre todas las cosas
amo las desgastadas,
las que el tiempo decora con cambios y con pérdidas.”


A lo lejos empiezo a recibir un sonidocomo una voz, oxidada en soporte demegáfono de mano, que se acerca lentamente,me voy esforzando en descifrar su mensaje, que dice:


¡Oiga, llevo la patata, la botella de agua, elacuárium, la coca-cola, la cerveza fresquita!


Insiste una y otra vez, casi seguido. Ya frente a mí:

¡Oiga, llevo la patata, la botella de agua!…una y otra vez.

Recibo la imagen de un joven de raza gitana,descamisado, con sombrero de paja ycarrillo de obra viejo.


Su mercancía situada ordenadamente para dejar espacioa un altavoz de mano a pilas,cuya grabación repetitiva solo desconectacuando se le acerca un cliente.


Entretenido con esta imagen continúoleyendo el poema de Parreño:



“El tiempo las corrige,

las dispone para su verdadero cometido,

las detiene invisibles de tanto ser miradas…”


Doy un salto en mi mente y sindarme cuenta,me pregono en mi interiorcon infinita timidez:


¡Oiga, llevo el mar, la sonrisa!

el azul, el abrazo, la poesía, la patata!


¡Oiga, llevo el mar, la sonrisa,

el azul, el abrazo, la poesía, la patata ¡






Desde mi ventana...Adolfo Morales (Taller)



Verde, en la copa de los pinos, azul celeste arriba del horizonte, albero y blanco en las fachadas, son la paleta de colores de mi mundo más inmediato.

El sol, fiel compañero, ilumina a estas horas (9:56 a.m.), con suavidad el patio-porche que es la primera estancia de mi casa.

La buganvilla de flores fucsias se enreda por las columnas del falso peristilo, dejando belleza, sombra y trabajo ( las hojas caen a diario por decenas, en un ejercicio de renovación constante), una amplia mesa con cuatro sillas y dos sillones preparados para el sometimiento a la intemperie, en el centro una gran sombrilla de tela color "verde guardia civil", y platos de cerámica, y objetos encontrados en el mar, y macetas, y arbustos ya viejos compañeros como el plumero de copa redondeada –yo soy el artífice de las formas, cual “Eduardo Manos Tijeras”- arbusto que anuncia la primavera de un modo preciso y cuya floración dura apenas una semana, sus múltiples estambres de un vistoso color rojo-rosa-fucsia, inundan el eje central del patio-porche, también jazmines, romeros, cintas a modo de fuentes, y el generoso pacifico.

En un rincón, “Las Isabelitas”, dos pequeños pájaros de colores marrones, cremas y blancos, pequeños, de pico oscuro, de mirada tranquila, padres de futuros “diamantes” muy difíciles de conseguir, ellos lo intentan, pero hasta ahora sus huevos no prosperan y eso que les cuesta casi la vida, manteniendo una férrea disciplina alternándose en mantener el calor de la incubación.

Una mesita circular de sesenta y un silloncito de hierro -donde leer el periódico o ver caer la lluvia- junto a una librería de forja, con múltiples objetos: velas, conchas, pequeñas macetas, un jarrón con piedras (suelo traerme una o dos piedras de los lugares que visito) y algún que otro libro.

Este orden se equilibra con tres balones de fútbol a cual mas gastado, una bicicleta de montaña... los elementos esenciales en el ir y venir de mi hijo pequeño -13 años recién- Daniel, que tanto me recuerda a mi, ¿sabéis?, tiene "novia, se llama Viki (suena dulce ¿verdad?), él no lo sabe aún, pero son tal para cual. Les deseo lo mejor.

También la cesta de juncos que guarda los útiles de la jardinería y los guantes, y dos pelotas de tenis gastadas, y la bomba de inflar las ruedas y alguna cosa que hace tiempo debió salir de ese agujero, pero que decidió quedarse.

El terrazo de color teja y con huellas, juega con los arriates rematados con cerámica “verde de Bonares”, un verde brillante y oscuro de una gran intensidad muy agradable a la vista, muy andaluz. Esta plenitud de colores y armonía es mi mundo más inmediato, nada que objetar. Al fondo fluye la vida, el vecindario, la gente que pasa y más a lo lejos se deja oír el rumor de los coches camino de Corrales, Huelva, Aljaraque, Ayamonte o Punta umbría.

Ahora con vuestro permiso, me asomaré a contemplar este micro-entorno, respiraré hondo de sus fragancias y esperaré haber sido lo suficientemente gráfico en mi descripción y haberos hecho partícipe de sus sensaciones. Pelillos a la mar.

martes, agosto 28, 2007

Nuevo Taller Colectivo, invita Adolfo Morales y De añil y Cal

En los correos con Nat, ha surgido esto de manera espontánea. Como quiera que estamos tan distantes, en latitudes tan opuestas, en algún sitio puede nevar mientras en otros hace calor, y al mismo tiempo, el blog nos hace tener un punto de encuentro, donde se mezclan los colores de cada uno, donde no llueve ni hace sol.
El taller consistirá en hacer una breve narración, que se construya sobre la base de lo que vemos desde nuestra ventana, ese mundo nuestro más inmediato, de algún modo nos acercaremos a los otros protagonistas del blog, a su realidad más inmediata.
Nat tiene un curioso magnetismo para esto de los talleres.
¿Te apuntas?

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