martes, noviembre 13, 2007

Billete de ida y vuelta - Sleeping train

Viajar sigue siendo una utopía. Todos mis intentos por escapar han sido en falso pues siempre he regresado a mi no lugar del que reniego cada poco tiempo. Mis raíces son grilletes que no soy capaz de romper. La India tiene una fama destructora. Las personas que van allí no regresan igual- me advirtieron- y yo me puse mi traje de buzo y me sumergí, como siempre, sin saber nada de lo que iba a encontrarme. Es el único privilegio que me puedo permitir cuando pongo kilómetros por medio. Avanzar sin saber por qué. El dinero en la cartera es una brújula desorientada que impulsa a la perdición. Así que tomé trenes hacia el sur y luego al norte y luego hacia el Golfo de Bengala y sin detenerme hasta el Cabo Cormorín, desde el que se divisaba el Índico puntual. Y luego bordeé por el Mar Arábico y llegué al fin del trayecto circular en Mumbai. ¡Malditos billetes de ida y vuelta que me devuelven a la cárcel de donde quise escapar!
La India me atravesó sutilmente. Allí no lo había descubierto porque no entendí nada y apenas me comuniqué con el inglés de supervivencia. A la vuelta, alguien me dijo que era naranja y cerré la puerta de mi casa dos semanas porque me daba miedo el cemento y los trajes grisáceos de los oficinistas de Tecnocasa. Releí el diario de ruta y asumí las fotos poco a poco: excusas y excusas para no regresar. Los poemas brotaron en el papel sin pensarlo. Vestía ropas que desteñían. Durante un tiempo cerraba los ojos y contemplaba pasos a niveles cerrados. Caminé mucho al estar desubicado. Tenía mi cámara en la mano, pues aún no había conseguido equilibrar mi cuerpo sin el contrapeso de la visión parapetada. Hasta que me vestí con el fondo de armario y descubrí a un desconocido en el cristal.
Inventé otro viaje. El de hacer un libro sin saber que era más utópico que no hacerse estatua de sal. Fueron dos años. Elegí el camino de la bifurcación. Sé mirar y puedo escribir. Para lo demás soy un incapaz. Recurrí a Jorge Moreiro, el fotógrafo profesional. Le pregunté si era posible aprovechar el material de dos meses sin dejar de disparar. Me dijo que sí y le creí. Fue su perdición. Le perseguí hasta agotarlo. Y se embarcó por mí. Se acercó a las pupilas que me observaron y enderezó horizontes para compensar mi mirada oblicua defectuosa. Me habló de la luz que no fui capaz de envasar. Y así fue naciendo Sleeping train. Con el estribillo del ferrocarril colándose por mercados, ríos y arrugas bellas que hacían desear la vejez. Dos viajes, uno literario y otro de obturador, que desembocaban en vida corriente, que es la única que puedo contar.
José María de la Quintana, el editor de Amargord, me dijo que las fotos miraban de frente. Apenas vio tres o cuatro y decidió publicar. Me puso en manos de Álvaro Cal Di Segni, quien descubrió que los poemas tenían tendencias naturales a instalarse por las diversas coordenadas de la página. Eso me gustó. Sleeping train estaba en marcha pero como los expresos indios parecía que nunca llegaba a su destino hasta que un día que ya no pensaba en él nació silenciosamente.
El viaje se hizo tacto. El papel tenía olor. Las fotos, tantas veces vistas no se parecían a las que recordaba. Los versos me resultaban ajenos. Lo hojeé varias veces y ya no lo volví a abrir. Ya no es mío. Estoy liberado. Ustedes se ponen en marcha. Es su tren y yo invoco a la amnesia para perderme en la invisibilidad.
José Ramón HuidobroMadrid, 11 de noviembre de 2007

2 comentarios:

Claudia dijo...

Hola, A medida que avanzaba en la lectura, me sentía parte de este viaje...Las palabras son mágicas, por que nos transportan a mundos que no conocemos y al mejor mundo que nos pueden llevar es a aquel que reside en nuestra alma.

Saludos, Me despido con la alegría de ver que hay espacios con la belleza de lo simple, de lo que reside en el arte.

Claudia
http://teodissa.blogspot.com

N.A.T dijo...

Gracias Claudia por tu visita a la bitácora, que al si nos regalas con tus creaciones, sería genial.
Y sí, este Huidobro espanol tiene la magia de transportarnos con su obra.

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CAMINO PARALELO - VICENTE HUIDOBRO

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